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YO SOLO QUERÍA CORRER: UNA HISTORIA DEL MARATÓN DE BOSTON

abril 12, 2019

“¡Lárgate de mi carrera!”. El grito partió el silencio. Kathrine miró atrás y vio el rostro de un hombre agitado, furibundo. Era uno de los directores de carrera, furioso porque una mujer estaba participando de manera oficial. El director intentó arrancarle el número 261 que llevaba al frente, pero ella logró apartarse.

Era el maratón de Boston de 1967. No había regla escrita que prohibiera a las mujeres participar, pero estaba implícito que no les era permitido. Por eso al inscribirse, Kathrine hizo uso de su ingenio y se registró con el nombre K.V. Switzer. Los oficiales no sospecharon que se trataba de una mujer.

Hacía frío, la nieve caía despacio. Kathrine corría escoltada por su entrenador Arnie, su novio Tom, y algunos otros corredores. Todo iba bien hasta el episodio con el director. Cuando éste intentó sacarla de la carrera por la fuerza, Tom lo empujó hacia el suelo para sacarlo del camino. ¡Corre como nunca!, exclamó enseguida Arnie.

Y así lo hizo, pensando que quizá se había metido en un problema por resistirse a dejar la prueba y por haber agredido a un organizador. Pero supo, también, que si no terminaba le daría la razón a aquellos que pensaban que las mujeres no eran capaces de correr maratones, que sus roles eran otros, predeterminados y encasillados por los estereotipos.

Fue esa fuerza la que la llevó a la meta después de 4 horas y 20 minutos de empeño, con el número 261 al frente. Un abrazo discreto pero genuino selló la hazaña. Kathrine se convirtió en la primera mujer de la historia en correr oficialmente el maratón de Boston.

Al día siguiente, su nombre y la foto de ella apartándose del director de carrera (con quien haría las paces tiempo después) aparecería en primera plana de todos los diarios. Cinco años más tarde abrirían la categoría femenil en el evento.

Correr es un mensaje poderoso. Kathrine desafió las reglas, y ante los prejuicios, usó su cuerpo para impulsarse a lo largo de 42 kilómetros y demostrar lo absurdo de tales reglas.

Cuando llegó a la meta, los periodistas hicieron preguntaron prepotentes: “¿por qué te atreviste?”, “¿crees que puedas volver a hacerlo?”, “¿eres una sufragista?”. La respuesta de Kathrine fue tan sencilla como elegante, a la altura de su gesta: “¿De qué hablan? Yo solo quería correr”.


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